miércoles, 24 de marzo de 2010


En este mundo caótico, las cosas se mueven con rapidez y agilidad, lo que hoy es mañana no será, lo de ayer ya está olvidado. Todos andan corriendo, perseguidos por un anciano al que llamamos tiempo y que, como el agua, se nos escurre entre las manos por más que intentemos asirlo. Cada cabeza un universo, cada cual con sus respectivos problemas, miedos, esperanzas, vicios y virtudes.
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. El mundo de hoy definitivamente es un lugar muy acelerado, todo avanza monstruosamente a pasos agigantados. Pero… ¿Por qué no nos detenemos un poco a reflexionar? Sí, dejemos un momento esas tareas que absorben todo nuestro tiempo y descansemos. Quitémonos de encima esas cargas que llevamos y pensemos en nosotros.
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. Y no me refiero a “nosotros” en un sentido egoísta, sino en una forma de liberarnos de las diferentes opresiones que llevamos diariamente. Detengámonos a pensar en las cosas importantes, aquellas a las que no prestamos mucha atención generalmente, pero que siempre están ahí, dando sabor a nuestras vidas; aquellas personas que iluminan nuestra existencia y que vienen a darnos luz en momentos de obscuridad.
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. Hay muchas cosas que no valoramos cuando las tenemos enfrente. Sólo cuando las perdemos y nos detenemos un momento, nos damos cuenta de que no están más ahí, se han desvanecido y no volverán. Lo peor del caso es que nada en este mundo podrá ocupar su sitio nuevamente. Así es la vida, un sitio de cambios constantes.
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. Para los budistas, el apego a las cosas induce a la avaricia y ésta lleva al sufrimiento. Ciertamente el apegarse a algo que es susceptible de perderse es una apuesta que llevamos por perder, pero lo importante no es no querer o estimar las cosas, sino saber aprender a dejarlas ir cuando el momento las reclame para sí.
No es necesario derramar lágrimas innecesarias por algo que de alguna u otra manera no volverá a ser como era, sin embargo, debemos siempre tenerlo en mente, para mejorar en nuestra vida diaria. No debemos pasar por encima de los acontecimientos como si nunca hubiesen ocurrido, debemos reflexionar acerca del cómo y el porqué, más que del quién.
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. Disfrutemos nuestras victorias y aprendamos de nuestros errores y fracasos. Sigamos caminando por la senda de la vida, no de manera apresurada como estamos acostumbrados, sino contemplando cada parte del camino, ya que no volverá; examinando las huellas que dejamos pero siempre viendo hacía adelante, observando donde daremos el siguiente paso.

1 comentario:

  1. Buen texto, mano. Por lo menos a mí me sirvió para repensar un poco en el ritmo de vida que llevo. Es cierto que uno debe disfrutar lo que hace, pero si no somos conscientes de ello, estamos en el hoyo.

    Vivamos con prisas, no nos queda de otra, pero por lo menos disfrutemos nustros logros.

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